Sorprende el reduccionismo semántico que se opera con el término Europa, cuando lo mostramos como sinónimo de Unión Europea y aún más cuando lo circunscribimos a la Eurozona.
Si lo acotamos como concepto geográfico, Europa como el espacio territorial comprendido entre el Atlántico y los Urales, es evidente que la comprehensividad aplicada a la Unión Europea queda insuficiente.
En un segundo escalón, tampoco se superponen ni conceptual ni territorialmente la Eurozona y la UE.
La UE comprende 28 Estados y la Eurozona 19.
A mayores, la Eurozona sería un espacio de Cooperación reforzada dentro de la Unión, al igual que el espacio Shengen.
Hay países o economías no periféricas de la UE sin vínculos reforzados o que plantean reserva expresa de Soberanía (Gran Bretaña, Noruega p.e.), no aceptando condicionalidades, precisamente en política monetaria y fiscal e incluso en política exterior y migratoria.
Nadie les muestra la puerta de salida del Club.
Finalmente, si el Euro se concibe como un diktat irreversible deberá flexibilizarse en sus condiciones.
Y sobre la deuda griega, Alemania debiera recordar el Tratado de Versalles que en su día se le impusiera y sus nefastas consecuencias. O más recientemente el coste de su reunificación.
Hay más Europa que la Eurozona y más Europa que el Euro y sus implementaciones.