En democracia el principio electivo lo rige todo. Incluso tiempo hubo en que se dieron monarquías electivas, en las que el rey era un primus inter pares entre la nobleza y esta dignidad no era transmisible por vía hereditaria. También la República de Cromwell se hizo hereditaria por breve tiempo. Asimismo la República por excelencia en tiempos modernos se transmutó en Imperio y se coronó con Napoleón, deviniendo en alternancia de República e Imperio, incluso bajo designio de constitucionalismo orleanista. Así se alcanzó la alquimia de las Monarquías constitucionales y aún parlamentarias, pareciendo converger las dos formas antitéticas de Estado. Así el dilema República-Monarquía se vería reemplazado por la disyuntiva Democracia-Dictadura. Pero en la ecuación Monarquía-Democracia hay algo irresoluble y esto es que en Democracia el principio que rige es el electivo sea a través del voto secreto o algún otro procedimiento y la Monarquía resulta en su constitución interna hereditaria. En términos más directos con la Monarquía la Jefatura del Estado se Hereda y además es asunto de una sola familia y esto siempre pugnará con el principio democrático del voto, en competición abierta, que son unas elecciones. De este círculo mágico nunca podrá conjurarse la Monarquía.
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